BUENOS DÍAS
Fecha: 11 de febrero
Tema: Taller de comprensión lectora
Desarrollo: Realizamos lectura no escritura de un hermoso cuento, con el cual realizaremos el taller
El día en que el árbol habló
En el patio de la escuela había un árbol enorme
que nadie sabía exactamente cuántos años tenía. Algunos decían que más de cien.
Otros aseguraban que estaba allí antes de que existiera el colegio. Sus raíces
levantaban un poco el suelo y sus ramas daban la mejor sombra en los recreos.
Sin embargo, casi nadie le prestaba atención.
Todos pasaban corriendo a su lado: jugando fútbol,
persiguiéndose o mirando sus teléfonos. Todos menos Tomás.
Tomás no era el más rápido del curso ni el más
popular. Le gustaba observar. A veces se sentaba bajo el árbol a dibujar o a
leer. Sentía que allí el ruido era diferente, como si el viento hablara en voz
baja.
Un día, después de una fuerte tormenta, Tomás fue
el primero en llegar al colegio. Encontro varias ramas caídas y hojas por todas
partes. Se acercó al tronco y lo tocó con cuidado.
—¿Estás bien? —susurró, sintiéndose un poco tonto
por hablarle a un árbol.
Entonces ocurrió algo que jamás olvidaría.
—He resistido tormentas peores —respondió una voz
profunda y tranquila.
Tomás dio un salto hacia atrás. Miró a todos
lados. No había nadie.
—Aquí arriba —dijo la voz.
El niño levantó la vista. Las hojas se movían
suavemente, aunque ya no había viento.
—¿Tú… tú hablaste? —preguntó con los ojos muy
abiertos.
—No todos pueden escuchar —respondió el árbol—.
Solo quienes se detienen.
Tomás no sabía si estaba soñando, pero decidió
escuchar.
El árbol le contó que había visto generaciones
enteras de estudiantes pasar por ese patio. Había escuchado risas, secretos,
promesas de amistad eterna y también palabras hirientes. Había sentido cómo
algunos cuidaban el lugar y cómo otros arrancaban sus hojas por aburrimiento.
—Los humanos siempre tienen prisa —dijo el árbol—.
Corren tanto que olvidan mirar.
—¿Mirar qué? —preguntó Tomás.
—Mirar de verdad. A los demás. A la naturaleza. A
sí mismos.
En ese momento, Tomás recordó a su compañero
Martín, a quien casi nadie elegía para los equipos. Recordó también cómo él
mismo había guardado silencio cuando otros se burlaban.
—A veces es más fácil no decir nada —murmuró.
—El silencio también deja huella —respondió el
árbol.
Antes de que sonara el timbre, el árbol añadió:
—No puedo moverme de aquí, pero tú sí. Cada
persona es como una semilla. Puede crecer recta y fuerte… o torcerse si no
recibe cuidado.
Cuando los demás estudiantes comenzaron a llegar,
el árbol volvió a quedarse en silencio.
Tomás nunca contó lo ocurrido. Pero algo cambió.
Ese día eligió a Martín para su equipo. Días después, propuso sembrar nuevas
plantas en el patio. Poco a poco, otros comenzaron a hacer lo mismo.
El árbol no volvió a hablarle. No con palabras.
Pero cada vez que Tomás se detenía bajo su sombra,
sentía que el viento sonaba como una voz que decía:
“Gracias por escuchar”.…
TALLER
1.Comprensión literal¿Dónde ocurre la historia?
¿Qué suceso extraordinario ocurre?
¿Qué significa la frase “El silencio también deja huella”?
3. Comprensión crítica
4. Actividades creativas
Inventa otro final para la historia.
Escribe un diálogo entre Tomás y Martín después de la historia.